Los países con los que no comerciar

En un momento de contracción brusca de la demanda interna, las empresas españolas están haciendo de la necesidad virtud e iniciando un camino de internacionalización que les producirá pingües beneficios, no ya sólo en el corto-medio plazo, sino en cuanto a la sostenibilidad en el futuro más lejano.

Una internacionalización que se está concentrando en la Unión Europea (66,8% de las exportaciones españolas se centran en los 27 países miembros de la Unión), por la simplificación de trámites en general y la facilidad de una misma moneda para los países miembros de la zona Euro.

Sin embargo, los problemas que algunos de los países miembros de la Unión Europea están padeciendo no son ajenos a las empresas españolas, que se están encontrando con problemas a la hora de cobrar sus facturas por los productos exportados al extranjero, en especial, los que tienen destino Italia o Portugal.

Concretamente, un 16% de las empresas españolas han informado de estos problemas de cobro en todos los países, pero centrados en los dos anteriormente mencionados. Aunque las empresas encuentran otro tipo de obstáculos, más administrativos, a añadir a los de cobro, en Alemania, Francia o Reino Unido, por ejemplo.

Este alargamiento en los pagos, que en algunos casos llega a los 120 días, está provocando situaciones de apalancamiento, sin liquidez con la que poder hacer frente a los pagos del día a día de las empresas.

Por otro lado, el sector que más problemas arrastra a la hora de exportar, es el agrícola, seguido del de transformados y bebidas, y un poco más atrás el de bienes de equipo.

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