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Índice de tendencia de competitividad

El Gobierno acaba de dar a conocer los datos sobre el Índice de Tendencia de Competitividad (ITC) de España frente al resto de los países de la zona euro. Así, las cifras establecen que el Índice aumentó un 1,4% frente a los países de la Zona Euro en el tercer trimestre de 2008. Este resultado es consecuencia del diferencial de inflación de la economía española con los países con los que compartimos moneda.

Dichos indicadores permiten analizar la competitividad del sector exterior, comparando para ello la evolución de los precios españoles con la de los precios de otros países con los que mantenemos relaciones comerciales. Los dos indicadores publicados se diferencian por el índice de precios tomado como referencia. Así, uno de ellos toma como referencia los índices de precios al consumo (IPCs), mientras que el otro utiliza los índices de valor unitario (IVUs) de las exportaciones.

Frente a los países de la UE-27, el ITC calculado con IPCs se incrementó un 2,7% en tasa interanual en el tercer trimestre de 2008. Esta pérdida de competitividad fue consecuencia de los avances del 1,1% en los precios relativos de consumo y del 1,6% en el índice de tipo de cambio.

En el tercer trimestre de 2008, el ITC frente a los países de la OCDE aumentó un 3,0% respecto al mismo periodo del año anterior. Esta pérdida de competitividad se produjo por los incrementos del 2,1% en el índice de tipo de cambió y del 0,9% en el índice de precios relativos de consumo.

El ITC calculado con IVUs (precios de importaciones y exportaciones) mejoró frente a los países de la Zona Euro, la UE-27 y la OCDE, en el primer semestre de 2008.

Cómo reducir la factura exportadora

Ampliar fronteras es un sueño para cualquier pyme, pero dar el paso que conduzca a exportar un determinado producto o servicio no se limita únicamente a la buena marcha del negocio. Existen otros factores que el empresario debe tener en cuenta antes de lanzarse a la aventura de la internacionalización. Entre ellos destacan los relacionados con Hacienda y los deberes tributarios. A fin de cuentas, las obligaciones fiscales que conlleva la exportación son cuantiosas, complejas en la mayoría de los casos y tan diversas como el número de empresas en cualquier caso.

La programación de los impuestos es una tarea esencial para cualquier pyme, pero más en el caso de las exportaciones, ya que la empresa debe adaptarse a la legalidad de los países donde pretende hacer negocio. En definitva, un buen uso de las herramientas fiscales puede derivar en importantes ahorros en la factura a Hacienda gracias a la propia actividad exportadora. Según la consultora especializada Swiss Option International Tax, la clave se encuentra en hacer trajes a medida, jugar legítimamente con las variantes que ofrece la legalidad vigente y apoyarse en la planificación fiscal internacional. Esto se resume en dos opciones principales para la pyme: establecerse en el país elegido mediante una filial o una sucursal, o bien aliarse con un distribuidor local para colocar sus productos. El último supuesto es por el que se decantan la mayoría de empresas, ya que supone un coste menor. La primera de ellas, pese a estar más asociada a las grandes empresas, es igualmente válida para una pyme con un importante volumen de negocio en un país determinado.

En cualquier caso, es importante para sacar buenos rendimientos fiscales que el país de destine pertenezca a la Unión Europea, ya que si se opta por abrir una sucursal en territorio comunitario (aquí se mantendría la misma personalidad jurídica que presente la empresa española) se evita el pago de aduanas y el efecto del IVA es neutro. Pese a todo, esta entidad tributaría como una empresa perteneciente al país seleccionado. En este sentido, es necesario subrayar que el tipo societario varía mucho en función del país. Así, en Chipre es del 10 por ciento, mientras que en Irlanda es del 12,5 por ciento, muy por debajo de países como España o Francia.

Sin embargo, si la localización en el país (siempre que sea europeo) se realiza a través de una filial, los dividendos se pueden remitir a la matriz sin retención alguna en virtud de una directriz que recoge la legislación comunitaria.  Además, hay que tener en cuenta si el territorio seleccionado presenta convenio de doble imposición internacional. Si fuera así, la pyme podrá acogerse a los beneficios fiscales que en España se ofrecen en este campo, y, si no, ésta deberá llevar a cabo un estudio pormenorizado de la legislación vigente en la zona elegida y una planificación tributaria de carácter internacional. Para remediarlo existe, por ejemplo, la posibilidad de constituir una sociedad holding en un tercer país, que, a su vez, sí tenga este acuerdo de doble imposición con el mercado que finalmente interese a la pyme. Del mismo modo, también es interesante y recomendable la formación de una Entidad de Tendencia de Valores Extranjeros.

Seguros de crédito, una fórmula para comerciar con garantías

Uno de los mayores quebraderos de cabeza para cualquier pyme no pasa por vender, sino por asegurarse el cobro de sus honorarios. En un entorno internacional donde cada vez es más común hacer negocios con compañías sobre las que muchas veces las referencias no son todas las que uno quisiera, se hace necesario contar con mecanismos para cubrirse en caso de que no todo salga como estaba previsto. Esta es una de las principales finalidades de los seguros de crédito.

Aunque hasta 1929 no se introdujo en España a través de la Compañía Española de Seguros de Crédito y Caución, no tardó en extenderse, especialmente entre las grandes corporaciones. Este servicio busca, precisamente, proteger al empresario frente al riesgo de impago y ofrecerle garantías en sus operaciones comerciales. De esta forma, la pyme se cubre las espaldas y puede, hasta cierto punto, seguir haciendo negocios independientemente de la solvencia de sus clientes.

Aunque en muchos casos pueda verse como un gasto, hay que considerar su utilidad como elemento de prevención. Además, el precio no siempre tiene por qué ser muy elevado, ya que la prima que paga la empresa depende de su volumen de negocio y el riesgo de crédito para su cartera de clientes, en definitiva, de con quién hace negocios.  En este sentido, el análisis que la aseguradora hace de los clientes, tanto de si actividad económica como de su estado financiero, es el mejor baremo para saber hasta qué punto es fiable la empresa con la que comerciamos.

Por otra parte, los seguros de riesgo se adaptan perfectamente a las necesidades de cada cliente de la pyme. Así, pueden ser a corto plazo, con un vencimiento de 60 a 120 días, o más amplios en el tiempo, hasta incluso cinco años. Por lo demás, y como con cualquier otro seguro, las pólizas se pueden renovar anualmente e incluso modificar la cobertura en caso de un cambio en la situación del cliente. Existen, incluso, pólizas específicamente creadas para adaptarse a las necesidades de las pyme, para quienes se trata de una herramienta más que útil, especialmente en el caso de las exportaciones, cuando más difícil es saber con quién se está tratando.

Pese a todo, y como suele ser habitual, los pequeños y medianos empresarios no terminan de ver la rentabilidad de estos sistemas y fruto de ello es que sólo el 5 por ciento de las compañías con una facturación inferior a cuatro millones de euros hacen uso de los seguros de crédito, en tanto que esta cifra apenas sube hasta el 15 por ciento para quienes ingresan más de esos cuatro millones.

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