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¿Tienes madera de empresario?

En algún momento de su vida profesional a todo el mundo se le ha pasado por la cabeza salir del sistema general trabajador-empresa y crear su propio negocio. En muchos casos se trata de simples quimeras o ideas furtivas que se van tan rápido como han venido, pero en otros se convierten en verdaderos proyectos personales que en ocasiones terminan viendo la luz. En blog-emprendedor han enumerado las nueve condiciones que debe reunir un buen emprendedor para saber si está listo para abrir su propio negocio:

1-     Capacidad para asumir y medir riesgos

2-     Alta confianza en sus capacidades

3-     Perseverancia y pasión

4-     Capacidad de liderazgo

5-     Amplios conocimientos

6-     Capacidad de autocrítica

7-     Independencia

8-     Visión

9-     Capacidad de innovar
Estas son las virtudes que deben llevar a una persona no al éxito, sino por lo menos a intentarlo, es decir, a seguir su propio camino, ‘montar’ su negocio y convertirse así en un pequeño y mediano empresario. Sin embargo, habría que añadir otros factores que también serán determinantes para que esta aventura llegue a buen puerto y se materialice en una pyme. El primero de ellos es capacidad negociadora y hasta cierto punto ‘alma de comercial’. Y es que una de las tareas más importantes para cualquier emprendedor novel es lograr la financiación necesario para que su pyme pueda dar los primeros pasos. En este sentido además de ayudas oficiales muchas veces es necesario recurrir a bancos y entidades financieras donde hay que ‘vender’ la idea para lograr un crédito, algo complicado en la actual coyuntura de crisis.

La última característica que debe reunir cualquier empresario o proyecto de empresario es la auto confianza traducida en no tener miedo al fracaso. “El éxito es la habilidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”, decía el ex primer ministro británico Winston Churchill. Como explica Javier Fernández Gallardo en un artículo de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Murcia existen multitud de casos a lo largo de la historia de empresarios que no se rindieron pese no lograr sus objetivos.

El miedo al fracaso, generado muchas veces por el temor a decepcionar al entorno más próximo y a quedar expuesto en términos sociales, es uno de los males endémicos de España y uno de sus mayores handicaps en el plano emprendedor. En este sentido cabría aprender de otras sociedades como la estadounidense, donde el fracaso se entiende como parte del camino hacia el éxito y una experiencia vital que toda persona debe sufrir. De todas formas, siempre será mejor triunfar desde un primer momento y evitarse esos malos ratos.

Crecen los impagos en el comercio

Desde el año pasado la gran mayoría de medios de comunicación y economistas pregonan a los cuatro vientos la llegada de la crisis económica que ya está asolando la Bolsa. Sin embargo, hasta principios de este año no se han empezado a ver señales realmente preocupantes en el ámbito de las pyme. Ahora, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) ofrecen más muestras del deterioro económico con un aumento del volumen de impago a su cifra más alta en los últimos cinco años. En total, la morosidad comercial se ha elevado un 4,2% en enero, su nivel más alto desde agosto de 2003.

En total, el volumen de impagos asciende a 1.428 millones de euros, un 48,7% más que en enero de 2007, en tanto que el número de efectos de comercio devueltos por impago asciende a 515.950 en el mes de enero, lo que supone un 3,9% más que en el mismo mes del año anterior. Las cifras coinciden con una caída de la confianza del consumidor y una bajada generalizada de las ventas al por menor, que en enero sumaron su segundo mes consecutivo de caídas. Del mismo modo, la cifra de negocios en la Industria apenas creció un 6,1% en comparación con el 10,9% registrado en el mismo periodo de 2007.

En una sociedad como la española, con altos ratios de endeudamiento, en endurecimiento de las condiciones crediticias y el alto nivel de los tipos de interés están frenando en seco el consumo (pese a que en rebajas los españoles gastáramos más que el año pasado), lo que está afectando de forma directa a las empresas del país. Los primeros afectados son los emprendedores, que muchas veces no encuentran quien avale unos proyectos que ni siquiera llegan a nacer. Esto se refleja en que el número de sociedades mercantiles creadas en enero disminuyó un 21,3% respecto al mismo periodo del año pasado, aunque sí creció en un punto porcentual la tasa de las que ampliaron capital. Sin embargo, un 42,5% más de empresas se vieron obligadas a cerrar sus puertas, un 87,6% de forma voluntaria, un 9,2% por fusión y el resto por otro tipo de causas.

Aunque los datos dibujan un horizonte más bien negativo, no hay que rendirse al optimismo pero sí actuar con cautela y saber que puede no ser el mejor momento para emprender proyectos de alto riesgo y sí de fortalecer el negocio.
 

¿Hay menos fusiones por la crisis hipotecaria?

Las fusiones y adquisiciones se han convertido en una de las principales herramientas empresariales para ganar ‘peso’ y volumen de negocio de forma rápida. En el caso de las pyme, estas operaciones no son tan numerosas o espectaculares como en el de las grandes corporaciones internacionales. Sin embargo, también se producen (el denominado build up que ya abordamos en un post anterior) cuando varias pequeñas y medianas empresas juntan sus negocios para poder competir en determinados mercados o tener más recursos.

En los últimos años varios sectores como el de transportes, seguros o alimentación, por nombrar unos pocos, han vivido un fuerte proceso de concentración, al que se une el siempre activo sector tecnológico donde las compras de pequeñas empresas con un fuerte componente técnico están a la orden del día. Ahora se prevé un cambio de escenario gracias, principalmente, a la crisis por las hipotecas subprime. Un interesante artículo aparecido en Cinco Días bajo el título ‘Cambia el escenario para las fusiones’ aborda el tema en profundidad. Básicamente, expone que la subida de tipos de interés y la exhuberancia del crédito, unido a unos años de fuertes beneficios empresariales, propiciaban multitud de operaciones de compra. Sin embargo, el varapalo que se han llevado diversas entidades bancarias por la crisis subprime y los efectos de la misma en la economía española y mundial, encarecerán, y mucho, los préstamos. En definitiva, endeudarse será más caro y por lo tanto, no será tan sencillo para las empresas, tanto multinacionales como pyme, acceder a financiación para costear sus operaciones de fusión o compra.

El capital riesgo vuelve a situarse, una vez más, como la opción más factible para conseguir liquidez, eso sí, a condición de dejar entrar un nuevo ‘socio’ con mentalidad capitalista y exclusivamente orientado a resultados en la empresa.

La crisis inmobiliaria y crediticia beneficia a la pyme

A primera vista la a afirmación puede parecer un tanto osada. En un país donde la construcción ha sido durante los últimos años uno de sus principales motores de crecimiento no parece en absoluto positivo la actual crisis crediticia y el estancamiento del sector inmobiliario. También es cierto que no todo tiene por qué ser negro o blanco y que siempre hay alguien que puede beneficiarse de los casos ajenos. Por esta vez y sin que sirva de precedente, podrían ser las pyme españolas. Por lo menos esto es lo que aseguran desde VR Business Brokers España.

La argumentación de esta firma es que, una vez cubierto el tramo de inversión en el ladrillo y dado la caída de su rendimiento, los inversores volverán fijar su vista en otros sectores y concretamente en pyme. La compañía aporta un escalofriante dato sobre las pequeñas y medianas empresas de sobra conocido: su tasa de mortandad. En España hay más de 3,1 millones de pymey más del 8% de las mismas cesa su actividad cada año. De estas, el 34,2% pertenece al sector de la hostelería, el 30,5% al de servicios, el 18,2% al comercio y el 17,1% son empresas industriales.

Lo peor de todo es que, al parecer, la mayor parte de estas ‘defunciones’ o cierres han sido motivados por la falta de inversores o compradores. Hasta ahora el negocio del ladrillo venía reportando suculentos beneficios superiores al 15% unas cifras que difícilmente se verán con el ‘parón’ del sector. Además, la incertidumbre desatada por la crisis crediticia está afectando a los mercados bursátiles y aumentando su inestabilidad (aunque de este tipo de avatares se puede encontrar información más detallada en otros blog de Financialred). Ante esta situación, José María Varas, consejero delegado de VR Business Brokers, asegura que “nuevos o viejos actores tales como capital riesgo, ‘venture capital’ o ‘business angels’ centrarán su atención en las empresas pyme que ofrecen mejores retornos a sus inversiones. Las fuentes de inversión alternativas por la vía de fusiones o adquisiciones por capital español o intracomunitarias, venta de participaciones o la venta de empresas y negocios tomarán mayor auge”.

Cómo acceder al Capital Riesgo

A diferencia de lo que ocurre con la mayoría de vías  de financiación, donde es el empresario quien debe acudir en su busca, las sociedades de capital riesgo son capaces de dirigirse directamente a la compañía si consideran que supone una buena posibilidad de inversión. Evidentemente, hay que ser muy cuidadoso al seleccionar a quién dejamos ‘entrar hasta la cocina de casa’. Es muy importante que la filosofía de los nuevos ‘gestores’ sea afín a la de la empresa. Además, debido a que el principal objetivo del Venture Capital es obtener beneficios en un corto periodo de tiempo, es el empresario quien debe marcar los límites y pensar más en el futuro de la empresa.Las sociedades de capital riesgo dividen sus inversiones en función de su tipología. De esta forma, pueden acometer operaciones de semilla, es decir, de aportar el capital inicial, que se puede ampliar en el caso de las inversiones de arranque, que se mantiene durante los primeros pasos del negocio.  A estas dos ramas hay que añadir las de expansión, capital de sustitución, compra apalancada y reorientación. La primera sirve, como su propio nombre indica, para hacer crecer  el negocio, la segunda sustituye parte del capital de la empresa, mientras que la tercera ayuda a la adquisición de empresas a través de deuda garantizada. La cuarta opción, la de reorientación, sirve para dar un giro a la situación de la empresa en momentos de crisis o de problemas y durante un tiempo muy limitado.Aunque generalmente son las sociedades de capital riesgo quienes seleccionan a sus objetivos, también es posible dirigirse a ellas en busca de ayuda. En cualquier caso, hay que saber  que lo que estas empresas buscan son candidatos con un alto potencial de crecimiento (especialmente tecnológicas), con un equipo gestor competente o que operen en un sector en vías de desarrollo.De todas formas, lo más importante siempre será contar con un sólido plan de negocio, basado en cifras reales o con fuertes posibilidades de materializarse. Se trata del elemento clave para convencer al capital riesgo, al que, en cualquier caso, siempre es necesario plantear ciertos límites para no perder el timón de la empresa y que ésta pueda extraviarse de su ruta hacia la supervivencia.

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