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Encuestas online para adelantarse al mercado

En muchas ocasiones resulta crucial para la empresa realizar una consulta rápida al estado del mercado o conseguir un determinado dato antes de tomar una u otra decisión. En estos casos surge un problema evidente que, en general, para las pyme es más acuciante. Por su propio tamaño y estructura éstas no pueden solucionar estas situaciones con garantías.

En este sentido, las ventajas financieras que para una pyme puede suponer una correcta percepción del nivel de satisfacción de un producto, del clima laboral en la propia empresa, del precio que los clientes están dispuestos a pagar por un determinado servicio o artículo, de las evaluaciones sobre cualquier evento desarrollado en la empresa o de la identificación de oportunidades para el negocio son múltiples. Las áreas de marketing, promociones y recursos humanos son algunas de las que mayores beneficios pueden tener, pero su aplicación es mucho mayor.

Para las grandes corporaciones la consulta de cualquier aspecto de negocio es relativamente habitual, pero en la pyme su elevado precio resulta algo más que un inconveniente. Sin embargo, existen opciones alternativas a las tradicionales encuestadoras y sus tarifas. Una vez más, la web y las nuevas tecnologías surgen al rescate de la pequeña y mediana empresas. Compañías como encuestafácil.com ofrecen herramientas a la medida de la pyme en este apartado. Se trata de una herramienta web que permite elaborar a los usuarios por sí mismos, de una forma rápida y sencilla, encuestas internas y externas que ayuden a la toma de decisiones. Además, permite obtener información de manera casi instantánea y sin necesidad de realizar un desembolso excesivo. Comparativamente hablando, un estudio sencillo, con cerca de 1.000 entrevistas, cuesta un mínimo de 5.000 euros con los sistemas tradicionales, mientras que a través de encuestafácil.com y otras empresas parecidas puede encontrarse desde poco más de 100 euros.

¿Hay menos fusiones por la crisis hipotecaria?

Las fusiones y adquisiciones se han convertido en una de las principales herramientas empresariales para ganar ‘peso’ y volumen de negocio de forma rápida. En el caso de las pyme, estas operaciones no son tan numerosas o espectaculares como en el de las grandes corporaciones internacionales. Sin embargo, también se producen (el denominado build up que ya abordamos en un post anterior) cuando varias pequeñas y medianas empresas juntan sus negocios para poder competir en determinados mercados o tener más recursos.

En los últimos años varios sectores como el de transportes, seguros o alimentación, por nombrar unos pocos, han vivido un fuerte proceso de concentración, al que se une el siempre activo sector tecnológico donde las compras de pequeñas empresas con un fuerte componente técnico están a la orden del día. Ahora se prevé un cambio de escenario gracias, principalmente, a la crisis por las hipotecas subprime. Un interesante artículo aparecido en Cinco Días bajo el título ‘Cambia el escenario para las fusiones’ aborda el tema en profundidad. Básicamente, expone que la subida de tipos de interés y la exhuberancia del crédito, unido a unos años de fuertes beneficios empresariales, propiciaban multitud de operaciones de compra. Sin embargo, el varapalo que se han llevado diversas entidades bancarias por la crisis subprime y los efectos de la misma en la economía española y mundial, encarecerán, y mucho, los préstamos. En definitiva, endeudarse será más caro y por lo tanto, no será tan sencillo para las empresas, tanto multinacionales como pyme, acceder a financiación para costear sus operaciones de fusión o compra.

El capital riesgo vuelve a situarse, una vez más, como la opción más factible para conseguir liquidez, eso sí, a condición de dejar entrar un nuevo ‘socio’ con mentalidad capitalista y exclusivamente orientado a resultados en la empresa.

Programa Ninguna empresa sin web (NEW)

En una época donde las nuevas formas de comunicación están tomando cada vez más relevancia en el mundo corporativo de las grandes empresas, es imprescindible que las pyme también comiencen a entrar de lleno en esta era digital. Estar presente en Internet no debe ser ya una opción sino casi una obligación. Evidentemente no siempre es fácil tener presencia en la red y para muchas empresas supone más un gasto añadido que una oportunidad de negocio.

Dentro del Plan Avanza, Red.es, organismo adscrito al Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, ha lanzado recientemente el programa Ninguna Empresa sin Web (NEW) que pretende aumentar la presencia de las pyme españolas en Internet. Actualmente apenas el 43% de las pequeñas y medinas corporaciones nacionales tiene presencia en la web, un porcentaje que se encuentra muy por debajo de la media comunitaria. El objetivo es que en 2010 el 87% de estas empresas esté presente en la red, lo que ahora mismo se plantea como una utopía.

El programa NEW, que cuenta con un fondo de aproximadamente dos millones de euros sirve para costear parte o abaratar la creación de una página web. Al final, una pyme podrá estar presente en Internet con una página básica por apenas 65 € durante un plazo máximo de dos años (una vez superado este periodo podrá subir el coste, aunque la administración seguirá controlando que este aumento no sea desmesurado). El plazo de contratación en estas condiciones expira el próximo 31 de diciembre.

Además, se han creado una serie de cursos formativos para que los propios empresarios aprendan a crear y desarrollar sus propias páginas web, así como para que conozcan los secretos de hacer negocios en la Red.
La medida puede parecer escasa, sobre todo teniendo en cuenta que muchos pequeños y medianos empresarios siguen considerando Internet un medio hostil. Sin embargo, hay que considerarla como un buen punto de partida para iniciar a muchas pyme en la aventura de la Red.
Se puede encontrar más información en la página oficial de Red.es o en la del Programa NEW.

Las nóminas a la carta

En un mundo donde el talento escasea y cada vez es más difícil encontrar profesionales cualificados, se hace imprescindible disponer todos los medios para captar y retener a los trabajadores elegidos. Las fórmulas son varias, desde incentivos en función de objetivos, apoyo económico para la formación o diseñarle una interesante carrera profesional en la empresa. Sin embargo, todo esto puede ser en vano si no se alcanza un acuerdo en materia salarial. Y en este apartado una opción que apenas utilizan las pyme españolas pese a los beneficios que puede dar es la retribución flexible.

La también llamada nómina a la carta no consiste, evidentemente, en que el empleado elija la cuantía de su sueldo, sino en establecer fórmulas para que, ganado lo mismo, obtenga mayor liquidez o, lo que es lo mismo, aumente su poder adquisitivo. ¿Y cómo se consigue esto? Puesto cubriendo por parte de la empresa algunas necesidades del empleado tales como ayudas a la comida, seguro médico o guardería desde su salario bruto. El funcionamiento de esta herramienta es bien sencillo: la empresa propone a sus empleados acceder a una serie de servicios con unos determinados proveedores y luego son los propios trabajadores quienes deciden o no adherirse a los mismos.

Las ventajas, tanto para la empresa como para el empleado, llegan por medio de los ahorros en el posterior pago de impuestos. Por su parte, la compañía puede llegar a deducirse hasta un 35 por ciento de su Impuesto de Sociedades, además de asegurarse una considerable rebaja en la cotización a la Seguridad Social. Mientras, el trabajador, además de ver cómo la empresa se preocupa por su bienestar, obtiene un incremento de la liquidez de su sueldo y unos servicios más baratos. Al mismo tiempo, desgrava parte de su IRPF y reduce algún punto su nivel retributivo, lo que se traduce en tener que pagar menos impuestos.

De nuevo, la falta de información (o de tiempo por parte del empresario, dependiendo del caso) se postula como la mayor barrera para que la pyme pueda aprovecharse de este sistema. Apenas existirán más de 3.000 empresas que utilicen la nómina a la carta, y evidentemente, la gran mayoría son multinacionales. Muy pocas pyme sacan provecho de un sistema que conlleva un ahorro en salarios tipo de entre 700 y 800 euros anuales. En el fondo, las pocas empresas que se dedican a ofrecer estos servicios prefieren acudir a grandes corporaciones por el volumen de negocio que éstas generan y ven a la pyme, por estar excesivamente atomizadas.

Destruir, otra forma de proteger la información

La paulatina adopción de las nuevas tecnologías por parte de las pequeñas y medianas empresas, un campo donde todavía hay mucho margen de mejora, ha eliminado gran parte del papel que antaño circulaba por las compañías. Sin embargo, siempre va a seguir existiendo una importante cantidad de información que será necesario o más cómodo tener en un soporte físico, bien celulosa o ahora en soportes digitales como el CD-ROM. Suele tratarse, en muchos casos, de documentos confidenciales como el plan estratégico de la corporación o con datos bancarios, de clientes, candidatos… En definitiva, cualquier documentación que contenga información sensible y susceptible de ser robada con fines fraudulentos.
El carácter privado y estratégico de la información debería ser suficiente aliciente para que compañía y empresario se interesen por eliminarlos de forma correcta para que nadie pueda utilizarlos. Para hacer más ‘atractivo’ este campo, la Ley Orgánica de Protección de Datos Personas obliga en su artículo 4 a mantener la confidencialidad y al cumplimento obligatorio de cancelación o destrucción de datos cuando se hubiera cumplido la finalidad para la que fueron recabados y establece multas de hasta 600.000 euros para los casos más graves de incumplimiento. Sin embargo, sólo un 7 por ciento de las pyme españolas cuenta con los equipos necesarios para destruir de forma segura sus documentos confidenciales.

Existe, en este sentido, una importante falta de concienciación por parte de las pyme sobre la importancia y obligatoriedad de proteger y posteriormente destruir la información que manejan. Y es que en muchos casos las corporaciones de menor tamaño no ven la necesidad o la rentabilidad de contar con una destructora de documentos, pese a que su precio es más que asequible: desde apenas 49 euros es posible adquirir un equipo básico, mientras que el coste de los más avanzados se sitúa en torno a los 3.000 euros. En definitiva, una inversión más que asequible teniendo en cuenta las consecuencias que puede acarrear simplemente el incumplimiento de la normativa vigente.

Al final, es incluso recomendable destruir otros documentos que se salen de esta obligación legal por el tipo de información que puedan contener como planes estratégicos o datos bancarios. Pese a todo, tampoco hay que caer en la tentación de decir que todos los documentos deberían ser destruidos. En este sentid, se puede diferenciar entre los personales y los relacionados con la empresa. Los primeros son susceptibles del robo de personalidad y abarcan desde historiales financieros hasta cuentas de teléfono pasando por informes médicos o borradores para el pado de impuestos. Por su parte los segundos se refieren más a salarios, planes de marketing, cifras de ventas, informes sobre créditos o posibles clientes, registros de contabilidad o curriculos, entre otros.

Evidentemente, una destructora de documentos no asegura al cien por cien que una persona no será objetivo del robo de identidad, pero no se puede robar lo que no se puede leer.

La ‘mitosis’ empresarial

El objetivo para cualquier empresario es hacer crecer su negocio, pero esto, por una parte, no siempre es fácil en lo que a medios económicos se refiere y por otra no siempre tiene por qué ser beneficioso: tan malo es no progresar como hacerlo excesivamente rápido, por encima de las posibilidades reales del negocio. Por eso resulta clave elegir adecuadamente el modelo a través del cuál prosperar.

En este sentido, una gran mayoría de pyme apuestan por la opción más lógica y tradicional: estructurar su negocio en divisiones y después ir ampliando su número para atender los nuevos proyectos o acudir a diferentes mercados. Pero esta fórmula no siempre tiene por qué ser la más adecuada y pese a que pueda resultar hasta cierto punto contradictorio, hay ocasiones en que lo más sencillo y eficiente es crear una nueva empresa, totalmente independiente, con su propia sede social, CIF, etc. Entre las ventajas que aporta esta inusual fórmula destacan la mayor sencillez organizativa, la diferenciación de clientes, la posibilidad de centrarse en su negocio o incentivos financieros.

Se trata de una opción muy útil, por ejemplo, para una nueva escisión de una marca con la que venía trabajando la empresa desde tiempo atrás. Así es posible diferenciar los servicios que se prestan a un mismo cliente sin que este perciba una de ellos simplemente como un añadido al producto principal. Además, es una buena fórmula para acceder a diferentes mercados o contar con varias líneas de negocio de forma más organizada. Por otra parte, es la mejor fórmula para protegerse frente a las grandes corporaciones, ya que al ser todas compañías independientes, es muy difícil que puedan hacerse con todas de golpe.

Seguros de crédito, una fórmula para comerciar con garantías

Uno de los mayores quebraderos de cabeza para cualquier pyme no pasa por vender, sino por asegurarse el cobro de sus honorarios. En un entorno internacional donde cada vez es más común hacer negocios con compañías sobre las que muchas veces las referencias no son todas las que uno quisiera, se hace necesario contar con mecanismos para cubrirse en caso de que no todo salga como estaba previsto. Esta es una de las principales finalidades de los seguros de crédito.

Aunque hasta 1929 no se introdujo en España a través de la Compañía Española de Seguros de Crédito y Caución, no tardó en extenderse, especialmente entre las grandes corporaciones. Este servicio busca, precisamente, proteger al empresario frente al riesgo de impago y ofrecerle garantías en sus operaciones comerciales. De esta forma, la pyme se cubre las espaldas y puede, hasta cierto punto, seguir haciendo negocios independientemente de la solvencia de sus clientes.

Aunque en muchos casos pueda verse como un gasto, hay que considerar su utilidad como elemento de prevención. Además, el precio no siempre tiene por qué ser muy elevado, ya que la prima que paga la empresa depende de su volumen de negocio y el riesgo de crédito para su cartera de clientes, en definitiva, de con quién hace negocios.  En este sentido, el análisis que la aseguradora hace de los clientes, tanto de si actividad económica como de su estado financiero, es el mejor baremo para saber hasta qué punto es fiable la empresa con la que comerciamos.

Por otra parte, los seguros de riesgo se adaptan perfectamente a las necesidades de cada cliente de la pyme. Así, pueden ser a corto plazo, con un vencimiento de 60 a 120 días, o más amplios en el tiempo, hasta incluso cinco años. Por lo demás, y como con cualquier otro seguro, las pólizas se pueden renovar anualmente e incluso modificar la cobertura en caso de un cambio en la situación del cliente. Existen, incluso, pólizas específicamente creadas para adaptarse a las necesidades de las pyme, para quienes se trata de una herramienta más que útil, especialmente en el caso de las exportaciones, cuando más difícil es saber con quién se está tratando.

Pese a todo, y como suele ser habitual, los pequeños y medianos empresarios no terminan de ver la rentabilidad de estos sistemas y fruto de ello es que sólo el 5 por ciento de las compañías con una facturación inferior a cuatro millones de euros hacen uso de los seguros de crédito, en tanto que esta cifra apenas sube hasta el 15 por ciento para quienes ingresan más de esos cuatro millones.

Videoconferencia, una nueva fórmula de comunicación

Las pyme y las nuevas tecnologías han estado históricamente reñidas. En los últimos años se han producido grandes avances en este campo y según la entidad pública  empresarial red.es , más del 92% de las empresas tiene conexión a internet. Además, el creciente aumento del ancho de banda de las redes locales posibilita la mejora de las prestaciones en el ámbito de comunicación y convierte en realidad lo que hasta hace poco parecía ciencia ficción o, cuanto menos, una realidad lejana. La videoconferencia es uno de los mejores ejemplos. Hace apenas un lustro tan sólo las grandes corporaciones podían acceder a ellas, ahora están al alcance de todos.Por poco menos de 3.000 euros ya es posible contar con un aparato para videoconferenciar tanto con socios, como con distribuidores y, como no, con otras oficinas de la empresa. En cualquier caso la pregunta es: ¿se trata de un gasto extravagante o de una inversión?. Todo depende del uso que se le vaya a dar y de las particularidades de cada empresa.Las ventajas más evidentes tienen que ver con el ahorro de costes en apartados como, por ejemplo, el de viajes. Una compañía con sedes en diferentes partes del país, ahorraría buena parte de su factura de viajes con este sistema. Las dos partes podrían verse como si estuviesen en la misma sala sin que se perdiese calidad en la comunicación. Esto también afecta al trato con los distribuidores, ya que se puede ver el catálogo por la pantalla sin necesidad de desplazamientos. En apenas tres meses se puede recuperar la inversión, es decir, unos pocos ‘puentes aéreos’ Madrid-Barcelona.Pero más al margen de los usos obvios, contar con este sistema siempre sirve para ofrecer una imagen de modernidad. Esto sirve de ayuda para encontrar nuevos clientes y también puede utilizarse como un arma para negociar con los proveedores (se limitan las visitas y por lo tanto los gastos de ambas partes, por lo que se puede pedir una rebaja en los precios). Por otra parte, maximiza la presencia de la pyme, siempre disponible ‘cara a cara’ para resolver cualquier problema (puede ver lo que ocurre en lugar de leerlo o escucharlo y tenerse que hacer una idea). En definitiva, una nueva forma de comunicación.

Capital Riesgo: en manos de expertos

Si algo caracteriza a las sociedades de capital riesgo es su afán por lograr beneficios en cada uno de los proyectos en los que se implican. En cierto sentido se puede decir que es la máxima expresión de la profesionalización y de la gestión orientada a los resultados. Son, en definitiva, compañías que se dedican, principalmente, a invertir o inyectar capital en otras compañías. Generalmente se trata de corporaciones con dificultades para encontrar otras vías de financiación o que arrastran fuertes deudas en las que las Venture Capital -en sus siglas en inglés- esperan obtener un beneficio. Las sociedades de capital riesgo entran así en el accionariado de la corporación, aunque siempre sin vocación de permanencia (excepto cuando directamente compran el total de la empresa en lo que se conoce como un buy out).Gracias a que su único objetivo es la consecución de beneficios, las sociedades de capital riesgo son el socio ideal en tiempos difíciles. En cualquier caso siempre será la opción más imparcial y capitalista para la gestión de la empresa. El rigor y serenidad que no siempre son fáciles de  mantener por parte del empresario. Además, siempre será una garantía, bien de la buena marcha de la empresa o de sus posibilidades de éxito (si no fuese así el capital riesgo no estaría presente).Aunque no es una de las opciones a las que tradicionalmente acude la pyme, cada vez son más quienes quieren recurrir al apoyo de estos expertos. Las cifras no mienten: su inversión en todo el mundo durante el pasado año alcanzaron los 50.000 millones de euros, lo que supone un incremento del 7% respecto a2005. En España, estas sociedades invirtieron durante los primeros nueve meses del año 960 millones de euros, un 11% más que el año anterior según datos de la Asociación Española de Entidades de Capital Riesgo (ASCRI). Con una media de inversión de 2.5 millones de euros por proyecto, no hay sector ni empresa que escape a su visión, siempre que reúna una serie de requisitos, entre los que las perspectivas de obtener beneficios se encuentra el primero.

¿Qué es una pyme?

Si la importancia de la pyme para el tejido empresarial español está lejos de toda duda aunque se la ayude poco en lo económico mediante préstamos u otro sistema o se la denigre, el definirlas y clasificarlas ha sido siempre fuente de conflictos, como a la hora de definir el conceto de empresa.

Aunque  la Unión Europea cuenta con su propia descripción de lo que es una pequeña y mediana empresa (pyme), hasta 2005 ni siquiera todos los países de la unión y miembros se acogían a ella, con los problemas que esto conlleva a la hora de acceder y diseñar los programas de ayuda que desde ellas solicitan.

En su última actualización, la Unión Europea divide a las pyme y la clasifica entre: microempresas, pequeñas y medianas empresas lo que además depende de cual es su nivel de facturación, número de empleados y del balance anual.

Mircroempresa:

Se entiende por Microempresa toda aquella que posea hasta un máximo de 10 empleados en su plantilla y con un límite de facturación y un balance anual de hasta 2 millones de euros, dicha cifra antes no se encontraba delimitada.

Pequeña Empresa:

En tanto, se entiende por definición de pequeña empresa a toda aquella que en su plantilla cuente con entre 10 y 50 empleados, además de registrar hasta un límite de facturación de hasta 10 millones de euros como máximo, vale recordar que anteriormente esta cifra se situaba en el máximo de hasta 7 millones de euros y otros 10 millones de euros en su balance, anteriormente dicha cuantía era hasta 5 millones de euros.

Mediana Empresa:

Para este caso se defien a la mediana empresa como auqella que tiene en su plantilla a 250 empleados, y que cuenta con una facturación de hasta 50 millones de euros, ya que anteriormente eran 40 millones de euros y contar con un balance anual por hasta 43 millones de euros, quedando atrás los 27 millones anteriores que se requerían.

El texto íntegro de la UE (en inglés) se encuentra en: http://ec.europa.eu/enterprise/enterprise_policy/sme_definition/index_en.htm

Al igual que ocurre con las grandes corporaciones y el total de las pyme, la relación numérica entre las propias pyme ambas es inversamente proporcional a su tamaño. Es decir, a mayor dimensión, menor número de compañías. De esta forma, las microempresas suponen cerca del 94% del total de pyme, mientras que las pequeñas suponen cerca del 5% y las medianas sólo el 0,70 por ciento. Mención especial supone el hecho de que los autónomos o empresas unipersonales alcancen el 52 por ciento del total y asunto al que dedicaremos un post más adelante.

Aunque a priori no pueda parecer muy importante, tener un único sistema para ordenar el tipo de empresas permite tanto al Gobierno y a la UE llevar a cabo planes globales específicos para cada área, adaptándose a las necesidades concretas. Además, también es positivo para llevar a cabo negocios entre las propias compañías, ya que cada una sabe con qué tipo de corporación está tratando simplemente por su denominación, todo ello por no hablar de su papel clave para establecer las ayudas y subvenciones.

Imagen: anibalgoicochea

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