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Los riesgos de la deslocalización

Cada vez son más las empresas que apuestas por deslocalizar una parte de su producción para abaratar costes. Así, acuden a zonas geográficas donde la mano de obra es más barata o existen incentivos fiscales para la actividad empresarial. En la actualidad es incluso más común asentarse directamente en otros países del entorno, sobre todo tras la ampliación de la Unión Europea. Así, Polonia o la República Checa se han convertido en dos de los destinos predilectos de los empresarios junto con otros más ‘exóticos’ como China (su legislación es su principal barrera) o India (auténticos ‘reyes’ en el ámbito tecnológico).

Desde el punto de vista empresarial, la deslocalización puede ser una buena medida para la mejora del rendimiento y la optimización de los procesos productivos. Evidentemente, existen sectores donde el offshoring tiene más sentido. De momento, el textil, telemarketing y tecnológico son los que más tiempo llevan trabajando con este concepto. En unos casos se trata de deslocalizar algunos aspectos de la producción que no son críticos o que no requieren un alto grado de conocimientos técnicos. En el sector textil, por ejemplo, puede ser fabricar el calzado en China y rematarlo en el país de origen. Por el contrario, en otros ámbitos como el de automoción, hay empresas que fabrican algunas piezas que no requieren grandes conocimientos técnicos en países como Polonia.

En este sentido, hay que tener en cuenta que la deslocalización puede ser muy rentable, pero que al mismo tiempo entraña una serie de riesgos. La consultora Compass, especializada en optimización de rendimiento, descubre en un artículo publicado por The Slogan los siete pecados capitales del offshoring donde expone como se puede incurrir en la lujuria, pereza, ira, avaricia, envidia, gula, soberbia y pereza. En la mayoría de los casos se debe a una escasa planificación o a dejarse llevar por lo que hace la competencia.

Deslocalizarse no siempre es beneficioso para la empresa, especialmente en el caso de las pyme, y hay que meditar mucho antes de tomar una decisión de este calibre. En primer lugar es posible perder hasta cierto punto el control de esa parte productiva y existen otras vías para ahorrar costes mediante el recorte o la reestructuración de los procesos internos.

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