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La quiebra de Atari y la búsqueda del juego perdido

Esta es una de esas historias empresariales que merece la pena ser contada y ser leída, por cuanto posee ingredientes verdaderamente atractivos que la convierte en un cóctel muy interesante, además de ser una de esas situaciones en las que la realidad parece superar a cualquier tipo de ficción. Nos referimos al descubrimiento en el desierto de Alamorgodo de lo que parece ser las existencias desechadas, enterradas y olvidadas del juego que motivó la quiebra de la compañía Atari, un juego basado nada menos que en E.T. el Extraterrestre.

Para entender bien esta historia, que ha concluido con una campaña de marketing verdaderamente atractiva, que ha incluido a los medios de comunicación en pleno proceso de excavación en el desierto, debemos retraernos al año 1982,  un año en el que la película de Steven Spielberg E.T. el Extraterrestre  logró un éxito internacional masivo y pasó a convertirse en una película de culto y una de las más influyentes de temática ciencia ficción.

La quiebra de Atari y la búsqueda del juego perdido

El inicio de la historia

Por aquel entonces la incipiente industria del vídeo-juego ya era consciente, a pesar de sus limitaciones, de que una adaptación de un éxito cinematográfico al vídeo-juego podría a su vez convertirse en un gran superventas. Es por ello que Atari, la compañía responsable del mítico Pong y a la sazón en aquel momento una de las firmes candidatas a dominar el futuro del vídeo-juego, apostaba, tirando la casa por la ventana y ofreciendo hasta 20 millones de dólares (de la época), por los derechos de E.T, una cantidad gigantesca para la industria del momento y que batiría un record que perduraría unos cuantos años aún.

El Fiasco

Aun así, teóricamente, Atari tenía las mejores cartas de la baraja; se había hecho con los derechos de una película rompe taquillas con un personaje muy identificable, era una compañía respetada y con mucho impulso en el sector de los vídeo-juegos, poseía amplios canales de distribución y además, la operación de adquisición de derechos de la película le había proporcionado una mejora de imagen y un posicionamiento de marketing envidiable.

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A partir de aquí todo se conjuga para qué se diera un fracaso empresarial de manual.

En primer lugar, el fracaso tuvo que ver con las prisas.  Después del enorme desembolso realizado por la adquisición de los derechos, la compañía no quería perder ni un segundo en comenzar a amortizar lo invertido, escogieron a un (por entonces) exitoso diseñador de juegos para Atari  y le concedieron únicamente cuatro semanas para desarrollar el juego.

Debemos tener en cuenta no sólo la propia presión del tiempo escaso para el desarrollo, sino también la enorme presión motivada por la legión de fans de la película, conocedora del desarrollo del juego y con enormes expectativas depositadas en su resultado final.

 El juego resultó un fiasco, era un juego malo, de difícil control, poco atractivo y con esa sensación de prisa en el diseño que no hacía más que responder a la realidad.

En este punto, ATARI, consciente de la poca calidad del producto, podría haber planteado un proceso de revisión del mismo o incluso un rediseño. Sin embargo, el juego acabó lanzándose tal cual. No se realizaron pruebas previas entre usuarios ni ningún tipo de fase de estudio; fue entregado en bruto, editado, y comercializado.

La compañía fabricó enormes cantidades de copias, y de hecho, ante la expectativa creada, en el lanzamiento inicial se convirtió en uno de los juegos más vendidos de ATARI, pero poco tiempo después de su edición, comenzaron las devoluciones en masa y las críticas feroces a la calidad del producto. Todo esto derivó en que buena parte de aquellas miles de copias realizadas se quedarán almacenadas.

Del almacén al desierto

La compañía, entró en una espiral de crisis que de hecho acabó con su andadura empresarial. En algún momento de esta caída hacia los abismos, los directivos de ATARI decidieron deshacerse de los miles de cartuchos de ET The Extraterrestrial que se amontonaban en sus almacenes. Más tarde llegó la liquidación y el cierre de su compañía y comenzó una especie de leyenda relativa al destino de aquellos cartuchos desechados.

Desde siempre se ha especulado con que habían quedado enterrados, y ésta era la opción más aceptada aunque teóricamente no se conocía su ubicación. Desde hace un tiempo Microsoft y las productoras Fuel Entertainment y LightBox seguían la pista a esta curiosa historia de fracaso empresarial hasta que, tras los oportunos procesos de investigación y permisos,  convocaron a la prensa en el desierto de Alamogordo, donde se suponía que los camiones enviados por ATARI habían descargado y enterrado las copias del juego; y efectivamente ahí estaban, cerrando de esta manera una de las historias más curiosas de la industria del video juego.

Por cierto si desean comprobar cuan malo es este juego hoy por hoy se pueden encontrar en la red numerosos simuladores que permiten jugarlo.

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