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Gestión automatizada del Riesgo: porque vale la pena adelantarse a los problemas

Ignacio Pomar, Director General de DATISA, nos ofrece su visión sobre la necesidad de automatizar la gestión del riesgo en la empresa.

Hoy, por desgracia, vivimos en un mercado en el que los impagos son cada vez más habituales y en el que la importancia de gestionar el riesgo crece día a día.

El control del riesgo forma parte integral de las tareas administrativas en muchas grandes compañías y también en aquellos negocios de menor tamaño que, por su actividad, corren un alto riesgo de impago. Otro importante grupo de empresas, en el que de nuevo abundan las PYMEs, sin embargo, menosprecia la importancia de este control e improvisa, controlando el riesgo de sus clientes “a ojo de buen cubero”, lo que, en muchas ocasiones, hace peligrar su liquidez, su rentabilidad e incluso su continuidad.

El que los índices de morosidad hayan alcanzado el 5,5% en 2010 según datos de FEDEA (la Fundación de Estudios de Economía Aplicada), es dato suficiente para que cualquier empresa que no cobra al contado, se preocupe por los impagos. Mayor peligro corren, como no, aquellas compañías con una masa crítica de clientes, que ofrecen bienes y servicios a cobro diferido o que fabrican a medida.

El establecimiento de un proceso adecuado para la gestión del riesgo debe empezar con la fijación de un límite de riesgo para cada cliente, en base a su histórico de compras, de su solvencia, volumen de pedidos y un largo etc. de factores. La compañía puede realizar este cálculo internamente o con la ayuda de una aseguradora, para abordar a continuación la definición de los parámetros concretos que nos asegurarán conocer el riesgo de cada cliente y su evolución.

En la definición de parámetros existen múltiples alternativas, pues no hay dos compañías iguales. Así, el riesgo de clientes se puede controlar desde la contabilidad (a través de los saldos de deudor), desde la tesorería (tomando en cuenta todos los documentos pendientes de emitir), desde comercial o gestión (impidiendo el envío de presupuestos o la generación de albaranes para clientes, cuyo riesgo sobrepasa el límite) o la combinación de varias de estas herramientas de control.

Sean cuales sean los parámetros seleccionados, una cosa está clara y es que, para contar con un control del riesgo fluido y fiable, una compañía de cierto tamaño necesita apoyarse sin duda en un buen programa de gestión.

Buscando la ventaja para el negocio

El control del riesgo es un proceso complejo, que implica la necesidad de consultar continuamente información de diferentes fuentes y de realizar los cálculos correspondientes. El mismo supone una importante sobrecarga administrativa, si estas tareas se realizan de forma manual, sin plantear siquiera el riesgo existente de error. La automatización de este proceso, por otro lado, se puede abordar de forma fácil y cómoda a través de diferentes herramientas informáticas, que además de sus funcionalidades concretas, han sido diseñadas para poder adaptarse a la cultura de cada organización.

Entre las principales ventajas de estos aplicativos informáticos destaca su capacidad para consultar distintas fuentes de información (datos del área financiera, comercial, de fabricación o de almacén, etc.) para ofrecer un cálculo del riesgo por cliente automático y en cuestión de segundos. A ello, se suman sus capacidades para la implantación de alertas o para el bloqueo de procesos, cuando el sistema detecta que con una determinada operación el riesgo se habrá sobrepasado.

Pero el riesgo de clientes no es el único, que facilitan los programas de gestión. En función de sus capacidades y configuración, dichos programas también pueden ayudar a controlar el riesgo propio con los proveedores, facilitando las decisiones de compra, o el riesgo con entidades financieras, donde el programa crea una alerta al generar la remesa correspondiente, para evitar que la empresa supere su póliza de crédito con cada entidad.

De nuevo, observamos una pequeña “innovación” en el ámbito de la gestión, capaz de apoyar a las empresas en cuestiones tan sensibles como son el peligro de impagos, el peligro de desabastecimiento o la falta de liquidez.

La propia existencia de estas herrmientas no implica adoptar la “informatización por la informatización”, ya que cualquier inversión en nuevas tecnologías debería estar precedida por un detallado análisis de rentabilidad. En algunos casos, el mismo mostrará que, por su tamaño o características de clientes, la compañía no necesita abordar la automatización. En otros muchos, sin embargo, y como hemos podido constatar en la realidad, con un análisis de rentabilidades bien ejecutado, las ventajas de las herramientas informáticas para el Control del Riesgo han resultado ser más que evidentes.

Artículo de Ignacio Pomar, director general de Datisa. Puedes seguirlo en el blog de Datisa.

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